Ir al centro de Caracas
es toda una aventura. Desde montarse en el Metro hasta bajarse en Capitolio o
La Hoyada. Apenas le dices a algún conocido que vas a ese lugar que queda tan
cerca y tan lejos (Win Wenders dixit) te miran como extrañados y te sueltan sin
pensar y sin respirar una serie de consejos:
nosaqueselcelularguardalacarteramoscapues. Luego que llegas, te das cuenta que
en un poco de años algunas cosas no cambian. Desde el "se compra oro. Dólares.
Euro (así, sin letra s)", hasta el "café,café". Todavía el centro
guarda esa magia de hacerte recordar algún momento que pasaste allí o alguna
compra de esas tipo diciembre cuando caminar entre la gente era una
proeza. Al final me monto nuevamente en
el Metro -me reviso y estoy intacto- y pasa algo extraño: un señor me parece
familiar. Descubro que es el mismo que cuando iba de ida casi se entra a golpes
con otro por un codazo al entrar en Plaza Venezuela. Deja vu de ir al centro de
Caracas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario