No se trata de la película de Alfred Hitchcock. Caracas es
una ciudad de pájaros. No sé si esto sucede así en todas las otras capitales
suramericanas. Tampoco me quita el sueño. Muchas veces no le prestamos atención a este hecho y lo pasamos
de largo. Desde que tengo uso de razón, desde muy temprano, me levantan algunos
pájaros que desde un poco antes de las 6 de la mañana inician su canto. Por
otra parte, me quejaba silenciosamente que en los cielos de la capital
venezolana solamente se veían zamuros. Todavía se ven estos zopilotes, pero
ahora es mucho mayor la presencia de guacamayas y pericos, algo que sin duda ha
ayudado mucho en esta caotizada ciudad. En estos días me paré a mirar algo que
no es común toparse: un colibrí. Esta vez, la minúscula ave estaba agitando sus
alas entre la cerca electrificada de una blanca casa. Al final voló en otra
dirección, pero sin saber el peligro que estaba corriendo. Cosas de pájaros se podría decir.
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