sábado, 4 de enero de 2020

Ojos cerrados...

El hombre cerró los ojos. Los apretó para enfocar en la oscuridad, creyendo infantilmente que así iba a observar mejor algo que no sabía qué podía ser. Pero, para su asombro, la figura estaba allí, nítida y directa. Podía verla en toda su forma. Irónicamente, era algo amorfo con brillos grises que emanaban como pequeños relámpagos de todo su cuerpo de ameba donde se veían dos círculos negros, negrísimos, que lo miraban fijamente. El hombre, en su visión, retrocedió, con el corazón en la boca, con la respiración de aquellos que lo único que saben es la incertidumbre del momento. Ya a punto de desfallecer, en unos segundos que parecían siglos, el hombre con los ojos cerrados y apretados, tuvo un fugaz acto de humildad y sinceridad: fue hasta la figura y le habló en voz queda, pero con una fuerza que no sabía de dónde salía. La miró a los ojos negros, como azabache, como carbón. Extendió una mano. "Tu siempre has estado conmigo. Me has acompañado, en buenos y malos tiempos. Alli has estado. Eres parte de mi historia. Y yo he tratado de renegarte, de ser valiente a costa de todo. He tratado de obviarte, de esconderte, de mirar a un costado para creer que no estas allí. pero hoy comprendo que acompañas al amor: sin ti no hubiera podido apreciar el amor y otras cosas que nos da la vida. Hoy comprendo que eres amigo y no enemigo, hoy comprendo que si te acepto y te doy tu puesto, será más facil. Hoy te extiendo la mano para abrazarte y reconocerte. Gracias"... El Miedo sonrió y su aspecto empezó a cambiar, se hizo mas claro y sus formas se ajustaron un poco más. Su tamaño fue reduciéndose hasta donde ya podía sentirse cómodo. En ese momento, bajó la cabeza y el hombre abrió los ojos que se llenaron de luz en un segundo. Agradeció y salió caminando, advirtiendo que ahora su miedo lo ayudaba a encontrar un camino. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario